mancheta
Número 1 editorial                        Junio 1999
Hojita de marihuana directamente del escánerEstás en las páginas del nº 1 del Cannazine. Como decíamos en el número 0, este pretende ser un fanzine internáutico antiprohibicionista que sirva de punto de reunión de los activistas en la red, abasteciendo de información básica para la lucha social por el fin de la Prohibición.
Quedan poco más de 18 meses para entrar en el tercer milenio, según el calendario gregoriano. Este, como la mayoría de las teorías de la Iglesia Católica, está errado. Según todos los análisis históricos, el Cristo debió nacer en el siglo IV antes de Jesucristo (en base a los censos de la época, la cronología de los representantes del Imperio Romano y datos astronómicos). Por tanto, en realidad entramos hace ya un par de años en el tercer milenio de la era cristiana.
De cualquier forma, no deja de ser un hito en el espacio-tiempo, que refleja la evolución de una parte del planeta, la occidental. En otras latitudes, la obsesión por el nuevo milenio resulta extraña. De hecho, podríamos decir, y es nuestra esperanza, que la era cristiana, -en la que la ideología monoteísta totalitaria se ha expandido por todo el planeta, aplastando a las culturas precristianas, la mayoría ágrafas, hasta su casi total desaparición- está próxima a su final.
Pero esta obsesión por el 2000 llega al extremo de obligar al Gran Hermano a hacer una demostración de poderío, para entrar en el tercer milenio con el control del planeta bien aseguradito. Puede salirles el tiro por la culata. Es imposible prever cuál puede ser el resultado final de la guerra desencadenada y no declarada oficialmente. Pero resulta ciertamente sangrante que el mamporrero de la función sea alguien que, en su día, se opuso firmemente (de entrada) al ingreso de España en la OTAN. Claro que en esas elecciones del 82 en que más de diez millones de españoles auparon al poder a Felipe González, también se prometía la despenalización de las drogas y el apoyo al pueblo saharaui... Todo ello, como tantas otras promesas de los políticos, agua de borrajas. Y es que no se puede esperar mucho de quienes dicen defender la Constitución, y, para empezar, incumplen sistemáticamente (y ay de quien no lo haga, ¡malditos tránsfugas!) el artículo 67.2, que dice que "los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo".  Pero, claro, ya desde el preámbulo se nos dice que se pretende "proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones", "promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida", "establecer una sociedad democrática avanzada", y "colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra". Lo del ejercicio de los derechos humanos, con observar el trato que el Estado da a los detenidos, especialmente a los más débiles (inmigrantes, drogadictos y mujeres), a los posteriormente encarcelados y a los consumidores de drogas ilegalizadas, es suficiente para mostrarse, cuando menos, sarcástico. Lo demás, con resumir que seguimos, y cada vez en una medida más alarmante, copiando el modelo americano hasta en sus más últimos detalles... Fruto de ello es la progresiva implantación del plan Policía 2000 en las principales localidades españolas, copiando la política contra la delincuencia que emplea Rudolph Giuliani en Nueva York. Mientras, se obvian los planteamientos de las ciudades reunidas en la
European Cities on Drugs Police, que inciden en un tratamiento racional de políticas sobre
drogas, centrando el trabajo en la disminución de las molestias a los ciudadanos y en la reintegración social y dispensación controlada a los toxicómanos, separando el mercado del cannabis del de otras sustancias infinitamente más peligrosas y dificultando así el efecto escalada ante el que tan alarmadas se muestran las instancias prohibicionistas. No olvidemos que del 50 al 90 % de los presos del planeta, según qué latitudes, están presos como consecuencia de la Guerra contra las Drogas, siendo todos ellos, en puridad, víctimas del totalitarismo del Estado Farmacrático, o Terapéutico, o como lo queramos llamar. Son presos políticos,  reos de la lucha por el derecho de la persona a decidir sobre su propio cuerpo y sobre su propia muerte.
En fin, que si queremos que se cumpla eso que dice la Constitución, tenemos que empezar a luchar todos por nuestros derechos. No debemos olvidar que no hay más derecho que el que se ejerce. Y  para poder ejercer los derechos que realmente importan hay que luchar por ellos. Si no, el Gran Hermano se ocupará de escamotearlos hábilmente.
Así que, a por ellos, que son pocos y cobardes.
                                                                    Alf Delaf
 

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Cannazine. Fanzine internáutico antiprohibicionista.
Responsable de güeba: Alf Delaf
alfdelaf@porreros.org