En los últimos cuarenta años, España, como tantas
otras naciones, hubo de venderse al gran capital, en forma de Estados Unidos
de América, para sobrevivir en el gran mercado mundial, cuyos reglamentos
imponen los USA por las buenas(a través de la ONU, el FMI, la JIFE
o similares) o por las malas (como decía gráficamente un
dramaturgo inglés en el periódico El Mundo, en relación
con la Guerra de Serbia, la diplomacia exterior americana se puede resumir
en la frase "bésame el culo o te parto la cara")
"El gran cambio sobrevino entre 1952 y 1953. De pronto terminaron
las restricciones de agua y luz, desaparecieron las cartillas de racionamiento
y se alcanzó la renta per cápita de antes de la guerra. El
Régimen recibió el espaldarazo internacional que le trajeron
los acuerdos con USA, y Franco se vistió de paisano y abrazó
a Eisenhower en Barajas.(...) España, abierta de piernas,
hechizaba al americano con tablaos flamencos, vino barato y alegría;
el americano ponía Hollywood y el Reader´s Digest.
"(...) Llegaron las ollas a presión, los cacharros
de aluminio y acero inoxidable, los fregaderos de marmolina, las medias
de nailon, el Tergal inarrugable, las lavadoras automáticas, el
colchón de muelles, las cafeterías con camareras, el plexiglás,
los pisitos a lazos, los bolígrafos... La gente firmaba resmas de
letras, heraldos del consumismo, con inocente entusiasmo. Creció
el poder adquisitivo, creció la esperanza, creció el
pluriempleo, los bancos extendieron su benéfica obra social hasta
cubrir al completo a la ciudadanía, crecieron la especulación
del suelo y el desorden urbano.(...)
"La década que abarca de 1957 a 1967 constituye el
periodo más decisivo del franquismo.(...) Había que
dejarse de pamemas, echarse en brazos del sistema capitalista y de la economía
de mercado. Franco se afeitó el bigotito, archivó las carpetas
del utópico proyecto autárquico y desatornilló de
sus poltronas a unos cuantos ministros falangistas para sentar en ellas
a jóvenes tecnócratas opusdeístas.(...)
"[Tras la muerte de Franco] Políticos los había
de dos clases: los franquistas que habían hecho carrera en el régimen
y que concentraban en sus manos todo el poder; y frente a ellos, los liberales
o demócratas, es decir la oposición, los recién salidos
de la loaca de la clandestinidad. De un lado, los que compusieron semblantes
pesarosos en el funeral del dictador, del otro los que agotaron las reservas
de champán el día de su muerte. Aquellos chicos de izquierdas,
los de la trenca, las camisas de franela a cuadros y la actitud contestataria,
y aquellos señores adustos que llegaban del exilio soviético
con trajes mal cortados y abrigos de cachemir tenían dos cosas en
común: estaban impacientes por mandar y enarbolaban una bandera
republicana, con su franja inferior morada y su escudo nacional adornado
con una corona mural.
"Derechas e izquierdas. Sólo extremos, nada
de centro, se habían erigido en bandos irreconciliables durante
los cuarenta años de la dictadura. ¿Iban ahora a enfrentarse
por el poder, los unos por conservarlo, los otros por conquistarlo?
"El pueblo español contuvo la respiración.
Nadie quería líos, pero el espectro de la guerra civil
planeaba sobre la helada incertidumbre del futuro.
"Pero surgió un tercer grupo al que llamaremos el
Gran Hermano Occidental, o Gran Hermano a secas, que iba a poner paz a
la chita callando y que, desde detrás de las bambalinas, iba a mover
los hilos para que al final todas las marionetas, rojas o azules, se abrazaran
en amor y concordia: el grupo de los intereses creados. No eran exactamente
políticos, pero tenían cierta experiencia como manipuladores
de la política en países no sólo de medio pelo. A
los americanos, a la banca y a las multinacionales les interesaba que España
viviera una transición pacífica. Este grupo estaba destinado
a ser el verdadero motor de la transición: y la preservación
de sus intereses explica que todo fuera como una malva. Tendremos que estarles
eternamente agradecidos.(...)
"La democracia en España es inevitable, razonó
el Gran Hermano, porque es la mejor vacuna contra el comunismo y las revoluciones
incontroladas, y España pertenece al rebaño democrático
de Occidente, así que más vale que os pongáis de acuerdo
y os consensueis en alumbrarla de la manera más discreta y eficaz
posible.(...)
"Los americanos, con ayuda de los socialistas alemanes, diseñaron
un plan para asegurarse que España se mantuviera en el lado político
correcto, es decir bajo la propicia sombrilla del capitalismo occidental.
Que no sufra la oligarquía, que nadie perturbe el pesebre nutricio
de la banca y las multinacionales, alejemos el peligro de un posible escoramiento
hacia la izquierda. Se trataba de establecer una transición democrática
que dejara el país en manos de dos partidos, uno de centro-derecha
y otro de centro-izquierda. El de centro-derecha saldría de la propia
evolución del régimen; el de centro-izquierda tendría
que salir de los socialistas, para lo cual, lógicamente, habría
que domesticarlos.(...)
"Las definitivas bendiciones del padrino americano a la fórmula
monárquica las obtendría el nuevo rey en junio de 1976, cuando
viajó a Estados Unidos para explicar sus proyectos en el Capitolio,
ante el Congreso y el Senado de los Estados Unidos.
"(...)Después de la visita del rey a Estados Unidos,
de pronto, ocurrió el portento: desaparecieron las banderas republicanas
de las manifestaciones, desaparecieron las alusiones republicanas de los
discursos y de los programas de los partidos progresistas y España
se despertó monárquica.
"(...) Felipe González (...) primero consiguió
escalar la jefatura del PSOE (...) en el congreso de Suresnes, en
1974. Unos días después recibió una visita del Gran
Hermano en forma de emisarios del franquismo. Todos eran personas civilizadas,
todos eran políticos. Llegaron a un rápido acuerdo y él
se comprometió a no aliarse con los comunistas, a dejarse de veleidades
republicanas y a acatar al rey impuesto por Franco.(...) Después
de este pacto, Felipe pasó a la segunda parte del plan, desmarcarse
del conjunto de la oposición.
"Los líderes de la izquierda en otras formaciones
políticas(...) temieron por sus garbanzos y se apresuraron
a imitarlo. Después de toda una vida predicando el evangelio republicano,
en cuanto atisbaron el señuelo de la prebenda, el banco parlamentario,
el sueldo, las dietas, la secretaria de muslos poderosos y el coche oficial,
se hicieron monárquicos de toda la vida y perdieron el culo por
verse incluidos en las negociaciones con el gobierno.(...)
"La tercera etapa de Felipe consistiría en abjurar
del marxismo y poner rumbo al centro, donde estaban los más nutricios
pastos del rebaño electoral.(...)
"Así se aseguró el continuismo bajo la forma
de una monarquía que heredaría a Franco y se apoyaría
en cuatro firmes pilares: Ejército, Iglesia, Prensa y Partidos Políticos
(este último en sustitución del Movimiento).
"(...) Sin consultar a nadie, personas designadas a dedo
redactaron una constitución a puerta cerrada.
"El Gran Hermano americano invitó: "Pasen ustedes
con los pantalones en la mano." Y con el fondo de rascacielos que tanto
inspiró a Lorca, dijo Felipe: "Prefiero morir apuñalado en
el metro de Nueva York que en un campo de concentración de Rusia."
ESLAVA GALAN, Juan: "La historia de España
contada para escépticos". Ed. Planeta. Barcelona, 1995, pgs. 298-300
y 316-321.
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