ACERCA DE LA CAFEÍNA
Extraído del Pharmacoteon de Jonathan Ott, Los Libros de la Liebre de Marzo, Barcelona, 1996, pg. 62:
"... está ampliamente documentado que la cafeína es una droga adictiva, capaz de producir tolerancia y síndrome abstinencial (Colton et al. 1968; Dreisbach y Pfeiffer 1943; Goldstein y Kaizer 1969; Goldstein et al. 1969; Ott 1985; Ott 1993b; White et al. 1980). Que el 90% de la población de Estados Unidos mayor de 12 años consuma habitualmente cafeína (más una considerable parte de quienes tienen menos de 12 años, habituados a Coca-Cola y otros refrescos "suaves") atestigua claramente la naturaleza adictiva de esta droga (Goldstein y Kalant 1990). Los cuatro mil millones de kilos de café consumidos anualmente en el mundo corresponden a unas 175 dosis anuales de cafeina (a 100 mg. la dosis, suponiendo un contenido medio de cafeina en el café del 2%) por cada hombre, mujer y niño del mundo (Frankel et al. 1992a). Por no mencionar el uso masivo de la cafeina en forma de té, mate, guayusa, yoco, guaraná, cola, etc. (...). Pero... ¿no puede el "abuso" de las drogas anfetaminicas conducir a una "psicosis anfetaminica" (Cho 1990; Davis y Schlemmer 1979; Griffith et al. 1970)? Sí, cantidades excesivas de anfetaminas pueden producir una psicosis caracteristica, al igual que el exceso de cafeína conduce a una "psicosis cafeínica" (McManarny y Schube 1936). Aunque la psicosis cafeínica se diagnosticó por primera vez en un paciente que habia consumido una cantidad excesiva de tabletas de citrato de cafeína, recetadas por un médico, también se ha observado tras el consumo de grandes cantidades de refrescos de cola (20-25 latas en un día; Shen y D'Souza 1979), cuyo consumo moderado se asocia también con insomnio y ansiedad (Silver 1971). El cafeinismo puede conducir a sintomas virtualmente indiscernibles de la "neurosis de angustia" (Greden 1974), y hay también informes sobre casos de "delirio inducido por cafeina" (Stillner et al. 1978). Algunas muertes se han atribuido a sobredosis de café, administrado en la forma de enemas naturistas (Eisele y Reay 1980). (...) La meta de la ingenieria psicofarmacológica de los estimulantes seria encontrar dosis óptimas de compuestos que aumentan la atención y la vigilancia con un mínimo de efectos secundarios como temblor de manos."