Número 1
Junio 1999
El clima terráqueo está al borde de una situación
crítica de consecuencias imprevisibles.
El calentamiento de la atmósfera o efecto invernadero; la destrucción
de la capa de ozono, consecuencia del mismo; el imparable incremento de
emisiones de monóxido de carbono, su causa; deforestación,
desertización, "efectos colaterales" del empleo de energía
atómica y de la transformación del petróleo, los residuos
de las empresas químicas...
Las multinacionales farmacéuticas expropian los principios activos
de las plantas, patrimonio de culturas ágrafas, mediante leyes internacionales
de patentes auspiciadas por la Organización Mundial de Comercio
y el Fondo Monetario Internacional, organismos patrocinados por los integrantes
del G-8, representantes oficiales del Gran Capital. Es un paso más
en la destrucción de las culturas que no acepten su sometimiento
a las leyes del Nuevo Orden Mundial.
Cuando alguien se inicia en la lucha cannábica, normalmente,
en principio lo hace por su derecho a la embriaguez y a elegir el método
para alcanzarla. En el caso del cannabis, esa embriaguez se alcanza sin
pagar apenas por ello. No hay resaca y las consecuencias para el organismo
son prácticamente nulas. Al contrario del alcohol, no estimula la
soberbia, sino que, por el contrario, en dosis suficientes, permite lo
que se ha venido en llamar "expansión de consciencia". Es decir,
de alguna manera, como decía Huxley, nos abre "las puertas de la
percepción", permitiéndonos enfocar los problemas desde lo
que en antropología se denomina una perspectiva etic, es
decir, desde un cierto nivel de abstracción que nos facilita la
observación "desde fuera", de un modo imparcial, no afectado por
los prejuicios impuestos por nuestras culturas. En palabras del dr.
Lester Grinspoon, "la marihuana puede superar el condicionamiento
profundo, iniciado inmediatamente después del nacimiento, que nos
limita, haciéndonos percibir la realidad de forma muy estrecha y
definida por unas cuantas fórmulas".
Pero, de inmediato, un español se da cuenta de lo que están
haciendo. El cáñamo ha formado parte de nuestra cultura durante
milenios. La palabra cáñamo nos trae recuerdos atávicos
de calor, seguridad, confianza... El cáñamo nos ha donado
generosamente, desde el origen de nuestra consciencia genética,
todo lo que hemos necesitado: alimento, ropa, calor, jabón, aceites,
iluminación,... y, a aquellos que no se dejaban dominar por los
pensamientos
únicos de cada momento, relajación, alivio para dolores
crónicos, apoyo a la mujer para superar las crisis menstruales y
los partos,... Pero estamos desde hace varios siglos bajo el control más
o menos directo, más o menos solapado, del Imperio Católico.
Y éste, ya en el siglo XV, maldijo los derivados del cannabis como
propios de infieles. Lógico, si tenemos en cuenta la afirmación
anterior de Grinspoon.
Así que uno reivindica su derecho a fumar porros en vez de tomar
valiums
u
otros somas sintéticos, y se encuentra con que no es que
lo prohiban por incultura, sino que los intereses económicos que
hay detrás son, por decirlo de alguna manera, todos. Petroquímicas,
papeleras, farmacéuticas, alcohólicas, tabaqueras, incluso
las empresas de seguridad, construcción y una parte del funcionariado
(nos referimos al auge de la seguridad del Estado, con la construcción
de macrocárceles donde encarcelar a los disidentes del sistema farmacrático
o terapéutico impuesto a escala global. Estados Unidos, país
sin verdaderas raíces (las han exterminado), impone a escala global
su cultura del kleenex. Todo ha de ser de usar y tirar, ha de perdurar
lo menos posible. Así, le da una mayor sensación de cantidad
de vida al individuo, ya que no de calidad. La contínua renovación,
la cultura de la imagen, la falta de contenidos, el espectáculo
sensiblero,...
Contra todo ello está el cáñamo. Es una planta
renovable anualmente, de la que incluso se pueden alcanzar dos cosechas
al año en los climas tropicales, incluso más por métodos
de interior o invernaderos. Una hectárea de cáñamo
produce tanta pasta de papel al cabo de veinte años como cuatro
a siete de bosque, regenerando el suelo, dificultando la erosión
y sin emitir dioxinas. Prácticamente todos los aceites combustibles
derivados del petróleo podrían ser sustituidos por mezclas
de aceites vegetales, entre los cuales el cáñamo tendría
un papel preponderante. La mayoría de productos químicos
derivados del petróleo, como el PVC, son sintetizables a partir
de las fibras del cáñamo. Hoy día, con los materiales
disponibles, ya se puede construir uno una vivienda ecológica a
partir de derivados del cáñamo.
Pero resulta carísimo. Las transnacionales agroalimentarias,
como Monsanto, en su lucha por hacerse con el control mundial del mercado
- o con el máximo de ingresos posible -, continúan desarrollando
semillas estériles con supuestas mejoras que introducen a golpe
de OMC, destruyendo el patrimonio genético de los campesinos de
todo el planeta y forzándoles a renovar sus semillas anualmente,
contrariamente a la tradicional y ecologista costumbre de renovarlas cada
año con la propia cosecha. Dentro de esa lucha, tienen ya prácticamente
controlado el cáñamo industrial en el mercado europeo, merced
a la legislación sobre lino y cáñamo vigente que obliga
a comprar determinadas semillas, y ahora las farmacéuticas pretenden
controlar el mercado de la marihuana. Para ello, la Glaxo-Welcome cosechó
por primera vez en decenios marihuana medicinal el año pasado en
Inglaterra. Y la Elly-Lilly, parte de cuyos accionistas componen la familia
de George Bush, tiene el monopolio práctico de THC sintético
a nivel mundial, con su famoso Marinol. La cuestión es hacernos
tragar con su mercado y sus precios, e intoxicarnos con lo que ellos decidan.
En el reciente estudio del Instituto Deusto de Drogodependencias,
publicado bajo el título "Derivados del cannabis, ¿drogas
o medicamentos? Avances en farmacología de drogodependencias.",
se afirma: "Resulta paradójico que los mayores daños para
la salud provengan del empeño de proteger a la población
de peligros médicos mucho menos documentados e inciertos", refiriéndose
a los efectos de los herbicidas y el paraquat empleados para intentar
inutilizar las plantaciones y hacer desistir a los campesinos de su empeño.
Estos herbicidas son arrojados desde mayor altura cada vez, para
evitar los disparos de los campesinos, con lo cual su radio de acción
es mayor, dispersándose sobre las poblaciones y afectando directamente
a la población, con un incremento de incidencia de enfermedades
cardiorrespiratorias, especialmente entre los más pequeños.
La lucha por la normalización del cannabis, entendida
ésta como la libre producción, transformación y
consumo del cannabis, en cualquiera de sus formas y para cualquiera de
sus usos comerciales, alimentarios, industriales o lúdico-medicinales,
es fundamental para la supervivencia del planeta. Por eso abrimos una
página específica acerca de los problemas ecológicos.
En este primer número, incluimos diversos textos-denuncia recibidos
de Ecologistas en Acción. En posteriores, los dioses dirán.
Alf Delaf
La Ronda del Milenio Humedales
en peligro Gladys del Estal Premios
Atila 1999
El embalse de Santaliestra
Menos transgénicos












Cannazine. Fanzine internáutico antiprohibicionista.
Responsable de güeba: Alf Delaf
alfdelaf@porreros.org