La vida dentro y fuera de la pantalla grande

Salas de cine y su público en la ciudad de Aguascalientes

1897-1970

 

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En el cine, incluso la naturalidad es algo que se fabrica // Manuel Gutiérrez Aragón

 

El establecimiento del cine en Aguascalientes

Primeras Salas

1905-1913

 

 

Establecidas en la ciudad de México ya algunas compañías distribuidoras de películas que comenzaron a trabajar desde 1905, los ambulantes fueron desapareciendo poco a poco; muchos de ellos abandonaron el negocio de la exhibición cinematográfica, mientras que otro grupo se estableció en distintas ciudades y pequeños poblados para iniciar en ellos las primeras salas cinematográficas.

    En la parte final del porfiriato, mientras se gestaban los cambios políticos que darían inicio a la Revolución Mexicana, la sociedad mexicana vivía en un sociedad semimoderna, donde en la ciudad la regularización del trabajo había permitido tener un momento al día para el ocio, es decir, un tiempo que no era usado para el trabajo, sino para descansar del mismo, pero en forma provechosa.

    El establecimiento del cine vino a ser, para muchos, la solución a las constantes borracheras del los grupos trabajadores y hasta de las clases altas, que no teniendo a donde ir mas que a las cantinas (consolidadas desde hace mucho, pero mucho tiempo atrás) ya que los demás espectáculos eran eventuales, por lo menos para las ciudades medias o pequeñas, ya que las grandes ciudades como Guadalajara o la Ciudad de México tenían espectáculos permanentes.

 

Parada obligatoria: el Teatro Morelos

 

En Aguascalientes, el antecedente directo de las salas de cine fue el Teatro Morelos, como primer teatro de la ciudad y como albergador de los múltiples tragaleguas que vinieron a la ciudad.

    La mayoría del público eran niños, generalmente llevados por sus padres; la gente de clase alta comenzaron abandonar el cine cuando este cine comenzó a ser frecuentado por mujeres de "decencia dudosa" (que asistían al cine ya que la oscuridad les favorecía puesto que no eran reconocidas hasta su salida) y gente de clases media y popular, ya que era el cine más barato.

    Hasta 1914, el cine Teatro Morelos estuvo regentado por el Gobierno del Estado, siendo este el principal fondo para la Junta Benéfica; sin embargo, en 1913, con la apertura de la Avenida Madero (o de Las Lágrimas como en un tiempo se le llamó), pasó a manos gerenciales de quien fuera el dueño de la Primer sala de cine como tal, Federico Bouvi, empresario del Vista Alegre.

      Fue en 1914, ya estando Bouvi como arrendatario cuando este teatro fue la sede de la Soberana Convención Revolucionaria; para que los revolucionarios descansaran de la arduas jornadas de debate, seguramente entre Bouvi y Jesús Avitia, camarógrafo de las huestes carrancista, exhibieron una cinta donde la figura principal era Carranza; en medio de un ambiente bélico y contrario a esta figura, la pantalla fue balaceada, dándole un susto tremendo a Martín Luis Guzmán, quien se encontraba tras ésta. 

       

 

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Salón Teatro Vista Alegre

 

Federico Bouvi, francés de nacimiento, fue uno de los tantos trabaleguas que se estableció tan pronto hicieron los mismo las distribuidoras. Había venido a Aguascalientes en varias ocasiones entre 1900 y 1906; en 1907, posiblemente su última visita, hizo amistad con Florencio Delahanthy, dueño del Sala Pathé, quien fue el que le apoyo e indujo a que consiguiera una finca que muy probablemente estaba al lado de su sala, en el callejón de Zavala, para que ahí estableciera un nuevo centro de esparcimiento.

    A Bouvi tan le pareció la oferta que no tardó en conseguir el lugar y establecer ahí la que muchos consideran la primer sala cinematográfica, ya que a pesar de que se apoyaba con otras variedades para mantenerse como cantantes y bailarinas de renombre, el espectáculo principal eran las vistas cinematográfias.

    Este amplio local con bancas de madera, poco a poco se fue remodelando para convertirse en una verdadera sala de cine, muy ad hoc para ciertos grupos sociales que ya no se sentían cómodos en el Morelos; es probable que estas remodelaciones (como la integración de un vestibulo y recibidor) hayan sido imitaciones a las ya muy consolidadas salas cinematográficas de México o de Guadalajara, lugares a donde Bouvi recurría para conseguir sus tan "morales y alegres" vistas.

    El Vista Alegre en poco tiempo se convirtió el preferido de quienes buscaban cierta comodidad y lujo en sus ratos de ocio, además, de quien podía pagarlos, porque esta clase costaba mucho más que ir al "maloliente" Morelos, como muchos catalogaron al teatro.

    Poco después, al Vista Alegre se le anexó una pista de patinaje que era frecuentada por los jóvenes "más agraciados" de la sociedad hidrocálida; y que a pesar de su éxito no logró desbancar a las funciones cinematográficas.

    Al iniciarse la apertura Avenida Madero, se tuvo que abrir también el Callejón de Zabala, y se derrumbaron las casas ahí existentes, dando también fin al Vista Alegre.

    Bouvi obtuvo por parte del gobierno, el derecho a regentear el Teatro Morelos hasta que consiguiera el dinero necesario para construir un nuevo centro de diversiones, sin embargo y a pesar de que sí tenía en mente ese proyecto, no pudo ser concretizado por la falta de dinero; consolidando en "el vetusto teatro principal" uno de los centros de espectáculo de mayor referencia y preferencia del público.

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Varios cines, varias caras

 

Estos dos no fueron lo únicos dos centros donde exhibían vistas cinematográficas.

    Hubo otros teatros o vaudevilles que también tuvieron en el cine un espectáculo constante aunque no era su principal atractivo.

    La misma Sala Pathé, de Florencio Delahanthy, ubicado también en el callejón de Zabala es el antecesor directo del Vista Alegre por ser el preferido del público de clase alta, así como tener un cierto prestigio, durante mucho tiempo; es probable que cerrara en 1908 o 1909, y quizá esta sala fue la que le anexó la pista de patinaje al mismo Vista Alegre.

    El Salón Rojo y el Salón Actualidades fueron usaron también al cine como diversión en sus espectáculos, pero privilegiaban más a las operas, zarzuelas, y otras compañías, haciendo una competencia más directa con el Teatro Morelos en estos espectáculos.

    Inaugurado en 1908, el dueño el Salón Rojo fue Octavio Uribe; estaba ubicado en la calle de Juárez y se pierde su pista en 1911, año en que aparece en esa misma calle El Salón Actualidades, cuyo propietario fue Jesús Belauzarán, quien tuvo que lidiar con serios obstáculos, iniciando con una mala construcción del lugar, además de una pésima instalación eléctrica en el salón que le ocasionó reprimendas de la prensa, a la que tampoco le gustaron sus espectáculos, tachándolos de mala calidad.

    Poco a poco, y debido a una gran inversión de Belauzarán, este cine logró conformar un público cautivo por las variedades que traía su empresario, mismo que manejaba al cine como una función en segundo plano.

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El cine es mejor que la vida

 

Emilio García Riera

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Última actualización: 22 de Junio de 2003.