Sistemas actuales de discriminación
Con harta frecuencia se percibe la discapacidad como un problema propio
de un individuo. En los últimos años, las personas discapacitadas
han empezado a caer en la cuenta de que el término discapacidad disimula
un sistema complejo de restricciones sociales. Sirva de ejemplo la negación
de oportunidades a los usuarios de sillas ruedas por la inaccesibilidad
de los lugares a los que quieren o necesitan acudir. A las persdonas con
deficiencia visual se les niegan opturnidades simplemente al no poner a
su disposición los medios no visuales para poder comuncarse con el
mundo exterior de forma plena. Las personas con problemas de aprendizaje
pueden fracasar en el aprendizaje de una tarea para la que poseen potencial
debido a que no se les proporcionan las técnicas formativa de apoyo
que necesitan.
La negación de igualdad de oportunidades obedece a varias razones.
Nuestros edificios, vehículos, sistemas de enseñanza o de
salud, actividades recreativas y estructuras laborales no han sido concebidos
para atender plenamente a las diferencias intrínsecas de los indivíduos.
Además, mucho de los problemas que tienen las personas discapacitadas
se deben a que la calidad de los servicios prestados en determinadas áreas
no tienen eco en otras. Por ejemplo, para una persona que disponga de un
buen programa de asistencia personal, de un nivel educativo apropiado y
de excelentes oportunidades de empleo, la inversión realizada en
asistencia personal podría caer en saco roto como no existan infraesctructuras
de transporte que la lleven a su lugar de trabajo.
La negación de la igualdad de oportunidades puede alegarse por otros
motivos, como el lugar de nacimiento de uno, su situación financiera,
manera de expresarse, color de la piel o apariencia física.
Alrededor del 10% de los ciudadanos del país tiene alguna clase de
discapacidad. Muchas de las personas discapacitadas desarrolla su discapacidad
en el transcurso de su vida profesional. Entonces no se puede consentir
que la sociedad se construya de tal forma que acabe siendo incapaz de tener
en cuenta las necesidades y los derechos de un sector significativo de la
población.
Además, falta aún por reconocer las ventajas que supone integrar
a una población discapacitada activa. Las sociedades se articulan
en torno al mítico concepto de normalidad que no conduce ni a la
definición de un enfoque holístico en la planificación
y práctica política, ni a la capacitación y desarrollo
personal de las personas discapacitadas.
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