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Para los escritores: Roger Lindo, Bergonzoni Rodriguez, Roberto Bogorja
y Carlos Arce, por las dudas si se olvidaron. Aclaro, para
mi ninguna guerra es buena y no hay que callarse.
Shimon Paran
Posted on Mon, Mar. 24, 2003
Los olvidados
GINA MONTANER Madrid
-- Voy a escribir de los olvidados. Ahora que el estruendo de la
guerra nos distrae de otros horrores. Horrores cotidianos y que
vienen de mucho más lejos que esta contienda cuyo gran fallo
ha sido no haberla concluido cuando el conflicto del Golfo. O, como
muy bien señala Orianna Fallaci en un artículo recientemente
publicado en el Wall Street Journal, una guerra que debió
continuar después de la entrada en Afganistán. Cuando
todavía estaba fresco en las mentes de todos aquel otro estruendo.
El de las torres gemelas y sus más de tres mil víctimas.
Sí, hablemos
de los olvidados por los que ningún manifestante pacifista
ha levantado una pancarta en los últimos años. Los
mismos que no tomaron las calles de Madrid, Roma, París o
Berlín para clamar al cielo contra la limpieza étnica
que se desató en los Balcanes. Los que no quemaron efigies
de Saddam Hussein cuando gaseó a su propia gente con gas
mostaza. Los mismos que no mostraron carteles en avenida alguna
en contra de las masacres que el ex KGB Putin lanza en Chechenia.
Ni por los muertos de Tiananmen y todos los disidentes chinos que
se pudren en presidios políticos. Ni por la hambruna y la
represión que padecen los norcoreanos. Ni por las feroces
dictaduras africanas. Tampoco por la esclavitud de la mujer bajo
el burka en los regímenes fundamentalistas del islam.
No hay manifestaciones
contra la creciente ola de represión en Venezuela. Todo lo
contrario. En la gran asonada madrileña del ''No a la guerra''
se apoyó al chavismo en el manifiesto que se leyó
al finalizar la concentración. Ni una triste consigna deplorando
las más de cuatro décadas de dictadura castrista.
Nunca jamás los ahora dolientes de esta intervención,
que podría acabar con una satrapía repugnante, han
sentido el dolor sonoro que ahora expresan por tantas víctimas
de tantas guerras injustas. Gobiernos absolutistas. Fanatismos religiosos.
Genocidios innombrables. Por
esto y mucho más hoy, al inicio del ataque contra las fuerzas
de Saddam Hussein, voy a recordar a los olvidados de los olvidadizos
y muy selectivos pacifistas. Porque es la hora en que, aprovechando
un clamor mediático que hipnotiza a la aldea global, los
dictadores hacen su agosto de gulags, persecuciones y pisoteos.
Cómodos porque nadie los mira. A sus anchas porque a nadie
le importa. Tranquilos porque pueden actuar con más impunidad
de lo habitual. Ahora que los pacifistas de una sola causa --un
antiamericanismo irracional y patológico-- arrasan en las
calles contra la supuesta avanzada del ''imperio'' (de acuerdo a
intelectuales delirantes como Norman Mailer), se incrementan las
torturas y el espanto donde siempre las ha habido.
Ahora que nadie les va a dedicar
una línea, un editorial o un pensamiento, voy a recordar
que hace unos días, en víspera del avance contra el
dictador iraquí, otro dictador, Fidel Castro, desató
una oleada de terror en Cuba. Son los disidentes apresados una vez
más. Son los interminables interrogatorios. Los objetos personales
y privados que la policía política tira por el suelo.
Es la negación del Proyecto Varela. La insidia, la delación,
el miedo y el ahogo. Casi medio siglo de dictadura y ni en una avenida
de Madrid, Roma, París o Berlín han vociferado los
pacifistas dolientes de los derechos humanos mancillados por la
libertad de los cubanos. De los venezolanos. De los chinos. De los
norcoreanos. Dispuestos a ser escudos humanos ante quien le arrebata
a la mujer musulmana sus derechos más fundamentales. Sólo
veo banderolas contra el ''fascismo'' yanqui. Nadie exige el fin
de la tiranía iraquí. Las plazas son un hervor de
falacias maniqueas. Apenas
nadie presta atención a los olvidados de los olvidadizos
pacifistas. Pero hoy, más que nunca, caen en el más
triste de los olvidos. Las cárceles cubanas están
a rebosar. La disidencia es estrangulada. El amigo americano que
asiste a la oposición es satanizado. No hay nada que hacer.
Nadie va a tomar la calle por estas y otras víctimas del
mundo. Por eso hoy los recuerdo y ondeo al aire una solitaria pancarta.
Avanzo sola en la avenida. Ni un pacifista doliente a la vista.
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