¿QUÉ
ES LO QUE HAY DETRÁS DE LA GUERRA USA - IRAK?
Escribe: Ernesto Martínez Battaglino
Las Agencias Noticiosas Internacionales, los editoriales de los diarios
y semanarios de todos los países, los comentaristas especializados
en hechos políticos, o en situaciones económicos, o en
conflictos diplomáticos, todos, terminantemente todos, han tratado
en forma exhaustiva y kilométrica, hasta diría que novelescamente,
la sangrienta guerra desatada por EE.UU. y el Reino Unido contra la
República de Irak, regida y dominada por un sangriento dictador
fanatizado de "yoísmo", quien busca autodisimular bañándose
de un nacionalismo exacerbado y respaldándose en una enfermiza
religiosidad llevada a extremos de inmolación por parte de un
pueblo que bien supo adoctrinar para que así actuara, al influjo
de esas aparentes bases grandilocuentes, cargadas de patriotismo y de
un dios misericordioso y todopoderoso, que siempre estaría al
lado de los que más se sacrificaran por tales ideales, a los
que había convencido que así era la mejor forma de alcanzar
la eterna gracia de dios y la felicidad divina, premiada por ese dios
rector de sus actos, en directa proporción al sacrificio que
cada uno hiciera por su dios y por Irak.
Este aparente poderío de contar con un pueblo bien regimentado
y aparentemente adicto al líder, le dic fuerzas y coraje a Saddam
Hussein para desafiar a USA, la mayor potencia económica y militar
de todos los tiempos, creyéndose invencible o jugando a que EE.UU.
no se animara a dar el paso que venía reiteradamente amenazando
sobre una cruel y rápida invasión a Irak, previa devastación
de todo su poderío bélico que se hacía aparecer
como amenazante para la paz y seguridad mundial, por sus características
grandilocuentes y tétricas, al sostener USA, que Hussein contaba
con armas de destrucción masiva y con un poder letal jamás
visto, además de armas químicas que traerían plagas
y enfermedades que diezmarían poblaciones enteras, al punto que
Hiroshima y Nagasaki serían ejemplos a olvidar.
A pesar que ni los Inspectores enviados por las Naciones Unidas jamás
encontraron esas armas, ni luego, desatada la guerra con todo su furor,
tampoco Irak sacó a relucir ese tal poderío bélico
tan peligroso para la humanidad, motivo utilizado como detonante para
"justificar" su invasión en aras de la salvaguarda
y tranquilidad del mundo civilizado (que USA e Inglaterra representaban,
ya que la ONU jamás se las dic, ni asumió). Desde ese
momento (y sin duda desde antes), muchos empezaron a dudar que el insistente
interés de Bush de tomar la iniciativa de las armas, aún
sin la anuencia de la ONU, estaba basado en algo más allá
del miedo a que un loco mesiánico con veleidades de dominador
como sin duda lo es el dictador Saddam Hussein, pretendiera encarar
en el futuro.
Para los analistas de estos acontecimientos, empezaron a manejar nuevos
y distintos motivos que encerrara tan insistente necesidad de empezar
yá, una dominación al segundo país en tenencia
y producción mundial de petróleo, y de ser EE.UU., hasta
apartándose de amigos como Francia y Alemania, compañeros
de la OTAN y de una larga trayectoria de recorrer caminos juntos, que
tomara esa drástica decisión a espaldas de quienes discrepaban
rotundamente con sus intenciones.
Ahí los politólogos, los economistas, los hurgadores de
hechos, consecuencias y proyecciones de futurología, empezaron
a atar cabos y a sacar conclusiones sobre los verdaderos motivos tenidos
por EE.UU. para embarcarse en esta guerra no querida por nadie y que
lo dejaba tan mal parado ante el concierto de naciones, al punto de
resquebrajar su promocionado comportamiento democrático y de
propulsor mundial de las causas justas.
Es evidente y no negado por nadie, que a esta altura, el petróleo
juega preponderantemente una importancia inusitada en esta guerra. Pero
no es el petróleo en sí el importante, sino las consecuencias
económicas que se manejaban en esa segunda potencia mundial petrolera,
cuyos pozos y refinación están preponderantemente en manos
de países de la U.E. y de China y que Hussein había decretado
que las transacciones petroleras de Irak se hicieran en euros, dejando
a un lado al tradicional dólar, moneda universalmente aceptada
como la utilizada para toda compra-venta entre naciones.
Es evidente que USA no podía permitir perder preponderancia económica
y política ante Europa, apareciendo entonces un nuevo frente
y un nuevo motivo de dar este zarpazo teñido de sangre inocente
y de una destrucción lastimosa, que los propios noticiosos televisivos
bien que se ocuparon de mostrar, haciendo todo un show sarcástico
con el sufrimiento ajeno.
Si USA deja que la OPEP tome el mismo camino que Irak y que los miles
de millones de dólares que se mueven en función del petróleo,
lo hacen pasar al euro, harían caer precipitadamente el valor
del dólar, el que volvería a EE.UU. empapelándolo
y provocándole una catástrofe económica, peor que
la del año 1929.
Y los males para EE.UU. no quedarían ahí, ya que tras
perder el dólar la comercialización del petróleo,
lenta o rápidamente iría también perdiendo otros
rubros y hasta muchas naciones empezarían a seguir el ejemplo
y ubicarse en posesión euro para sus reservas, lo que llevaría
no solo a un precipicio económico a USA, sino que le haría
perder su total hegemonía comercial que hoy ostenta, sostén
incuestionable de su poderío militar y de su actual influencia
política en todo el mundo.
En definitiva, la verdadera razón de provocar esta cruel guerra
por parte del presidente George W. Bush, no hay que perder de vista
que fue en defensa de su moneda, so pena de desaparecer como potencia
mundial si así no actuaba. También, para sacarle presencia
a otras potencias en el usufructo del petróleo Irakí,
y adquirir, EE.UU., un lugar preponderante y decisorio en el negocio
petrolero de esa nación, haciendo cambiar -además- la
moneda de su cotización y transacción comercial. Además
y con exquisitez maquiavélica, encarar tangencialmente una dura
actitud de advertencia a la Unión Europea, sin aparecer directamente
ante ella y el mundo con esas intenciones, así como ante toda
otra nación que ose apartarse del rectorado económico
y político de los Estados Unidos de Norte América.