Montevideo  19 de noviembre de  2002   

Del  país SOBORNADO  al país   EMBRETADO.

El País enfrenta una tragedia social nunca vista en la historia reciente. Los problemas económicos están en forma casi obsesiva  en la consideración de los medios. Como si la cotización de la moneda, los resultados de la bolsa y otra multitud de datos fueran más importantes que lo social y lo productivo. Seguimos con la visión economicista, en la que las personas están al servicio de la economía y lo que importa son los números macroeconómicos. Nadie atina a salir de los carriles que nos trajeron hasta aquí. ¿Incompetencia?. ¿Dogmatismo?. Quizás de todo, un poco. Pero esencialmente el País funciona con una economía “facilonga”, a partir de confiscación de rentas del sector agropecuario y como esto es funcional al manejo clientelístico, para que cambiar.

 No hay proyecto de un  país integrado. La  prescindencia de los sectores de la sociedad mejor posicionados económicamente, frente a la debacle social, más alla de las poses y los discursos, es un aspecto negativo a superar para encarar la salida de la crisis. El discurso de los partidos que se han sucedido en el gobierno en los últimos cincuenta años, ha estado dotados de buenas ofertas  preelectorales; para combatir la pobreza, resolver los problemas de viviendas, etc. Pasadas las elecciones un período sí y otro también, se continúa con las mismas políticas, los gastos en aumento, para cumplir con los pactos partidarios y los problemas siguen creciendo. He aquí el manejo del país desde la visión de los intereses político partidario, el gran responsable de ésta debacle, que no resuelve los grandes problemas estructurales que tienen más de cincuenta años de detectados.Para respaldar ésta afirmación  acudimos a la memoria histórica. El 16 de Mayo de 1941 El Dr. Carlos Quijano escribía en Marcha; “El estado paga mal a muchos, en lugar de pagar mejor a menos que podrían desempeñar la tarea de aquellos.

Pero esto se vincula a otro problema. Tal vez más hondo. El electoralismo demagógico lo ha corrompido todo y no se ve bien como dejará de corromperlo en los años próximos mientras sigamos “tirando”, y a menos que se produzca la catástrofe presentida y que cualquier incidente puede hacer estallar.

Para poder realizar esa obra de corrupción ha debido contar, sin embargo, con un ambiente propicio. Ese ambiente lo crea la estructura económica nacional. El país no ofrece posibilidades para la conquista del pan, al margen de las actividades oficiales. O las ofrece muy limitadas. ¿Qué hacen los nuevos? ¿Qué hacen los padres de los muchachos de 18 a 20 años, que desean asegurar a sus hijos un destino frente a los angustiosos interrogantes del porvenir?

La actividad privada es limitadísima, aquí más que en otros lados y no ofrece, generalmente, sino estrechez y sobre todo inseguridad. Así sucede en la Capital. Con más razón aún en los pueblos de campaña. ¿Que destino tiene un joven con ambiciones en nuestras estancadas o declinantes ciudades del interior, carentes de toda industria? Ir al comercio, al almacén, la tienda, a ganar sueldos de hambre, a vegetar y a morir en la más espesa mediocridad.

Todavía no se ven más que dos caminos: o la profesión liberal o el empleo público. La primera, aún conserva, aunque bastante descascarado, el dorado de las  mejores épocas. Puede asegurar el pan, el prestigio y aún la independencia. El segundo, da la seguridad y ciertas comodidades. La plétora de profesionales, cada vez más creciente; el cansado reclamo del empleo público que todos los días se repite, se vincula así a toda la estructuración económica del país. No se le puede exigir a la gente, que esté hecha de la madera de los héroes o de los santos. Se vende, en la edad de los sueños y las empresas, un destino incierto por un presente cómodo. Es el drama de nuestras generaciones. Y mientras el país sigue siendo lo que es, una inmensa estancia despoblada y una  inmensa capital – macrocefálica-, tiránica y absorbente, el problema seguirá en pié y se irá agravando. Esta es una de las grandes tragedias del país. Quizás la fundamental. Año a año, vamos quemando las generaciones que pasan. Les hemos cerrado todos los caminos que conducen, por el esfuerzo propio, a un futuro útil.”

Más de 60 años han pasado y las preguntas siguen siendo las mismas, pero en un  entorno mucho más dramático. El electoralismo demagógico no sólo no paró sino que se exacerbó. Por ello la causa central de  los grandes problemas, se origina en la conducción del país, basado en el interés partidario. Las palabras de Quijano nos muestran, la desidia y la irresponsabilidad de los gobernantes. Pero creo que también nos muestra, nuestra ligereza, al ejercer nuestro más relevante acto civil, al emitir el voto. La autocrítica no es una señal de debilidad sino un acto de grandeza. Los gobernantes hoy no reconocen  la responsabilidad que tienen en la crisis. No son capaces de tener un acto de  grandeza. Por ello nunca salimos de la crisis estructural. Sólo por pequeños períodos respiramos con cierto alivio, que nuestra superficialidad nos lleva a creer que se terminaron los problemas. Claro que en esos períodos de auge, los que estan bien se olvidan de las injusticias estructurales que permanecen. Teniendo claro los sufrimientos sociales, la destrucción de tres crecimientos de la economía  de 1944 a hoy, creemos que todos debemos asumir la cuota de responsabilidad que nos cabe. No podemos decir hoy que no contamos con información. Hemos dicho en un artículo anterior que el país ha sido sobornado con sus propios recursos, a través del manejo corrupto de la cosa pública.

Decimos manejo corrupto, porque no otra cosa es el tráfico de influencias y el uso de los dineros públicos para  llenar cargos por cuota política. Este manejo se ha llevado adelante, comprando conciencias por cargos públicos y todo tipo de arreglos de situaciones irregulares – refinanciaciones impositivas, condonación de deudas tributarias, etc.- sin tener en cuenta a los que cumplen con las leyes vigentes. Con ello se ha alentado el incumplimiento de los contratos, que tanto se reclama hoy. 

Por tanto gran parte de la ciudadanía que ha aceptado esto como natural es también responsable de lo que hoy le sucede al país. Por eso asumir responsabilidad, a todos los niveles es necesario para darle validez y credibilidad a las propuestas de cambios.

La denuncia de los problemas que hoy nos acucian tienen larga data. Volvamos a la historia, herramienta imprescindible a la hora de buscar salida a los problemas.

El Dr. Carlos Quijano escribía en Marcha el 9 de julio de 1954.

“ Los partidos políticos continúan disputándose el poder para  repartir puestos; el empleo público se ha convertido en seguro de desocupación. Nada se ha intentado para salir del atolladero. Por el contrario, cada vez nos hundimos más y más en él.”            Si en 1941 el manejo clientelístico estaba instalada, si en 1954 se le seguía denunciando, no se necesita mucha imaginación para percibir el daño causado por más de sesenta años de esa práctica en la conducción del país. Los economistas que tanto gustan de  traducir todo en números, deberían calcular cual es el monto de los dineros dilapidados en este tiempo. Las “soluciones” que proponen los gobernantes, se tienen que aceptar en el marco de los hechos consumados.  El país está  embretado, los “mismos” que en los últimos cuarenta  años, con distintas promesas, que sólo sirvieron a unos pocos, siguen jugando a lo partidario cuando el país se cae a pedazos. Toda ésta parodia de la “ruptura” de la coalición de gobierno, es una burla más para con el país. No han aprendido nada, a  pesar de tantos sufrimientos sociales, en las sucesivas y casi cíclicas crisis. El país no ha sido la preocupación. Lo han usado para satisfacer sus intereses mezquinos, salvo honrosas excepciones. No podemos seguir haciéndonos los distraídos y  echandole la culpa a los de afuera. Para mí, hoy más que nunca queda claro, que la principal responsabilidad de lo que nos sucede es nuestra, de como se ha gobernado. Por ello sigo creyendo que tenemos salida. Además, por aquello de que; nada podemos  esperar sino de nosotros mismos, palabras del más grande, Artigas. Sólo un mal manejo de la cosa pública puede explicar los números de la catástrofe que vive el país, más allá de los dichos de los amanuenses y laderos que tratan de vender un optimismo irracional.No hay explicación racional, para que un país de base agropecuaria, presente un cuadro tan desolador, con una población reducida a menos de la mitad de cuando Quijano decía, “una inmensa estancia despoblada”. Del campo emigraron 264000 personas entre los años 1951 y 2000 a un promedio de 15 personas por día y 40000 productores menos en el mismo período.

¿ Ningún gobierno vio nada? Sin estar escrito se ha ejecutado una verdadera política de despoblación de la campaña, licuación de productores, extranjerización de la tierra y concentración de la misma- 4001 productores 7% del total, mayores de 1000 Ha  poseen casi el 60% de la tierra- Un país desinformado y la responsabilidad ciudadana “adormecida” por el manejo clientelístico ha hecho posible esto.  

 Como pueden decir los mismos dirigentes políticos en el gobierno hoy, que están preocupados  por el país. No es creíble. ¿ No se dieron cuenta del vaciamiento de la campaña a lo largo de tantos años?. ¿Porque no se tomaron medidas? ¿No se dieron cuenta de la destrucción industrial, con la consiguiente pérdida de fuentes de trabajo en la década del 90? No quisieron escuchar los reclamos, frente al impacto de la política monetaria de los 90. Por interés electoral prefirieron, aturdir con los números macroeconómicos y desconocer el daño en la microeconomía y sus consecuencias sociales. Hoy hacen declaraciones patéticas, eludiendo la responsabilidad.  Pero también tenemos que decir que las gremiales industriales y rurales han sido funcionales al manejo político partidario del país. El clientelismo ha posibilitado la concentración de la riqueza y la socialización de las perdidas. Acá nadie puede decir yo no tengo responsabilidad en lo que nos sucede. Ahora  en una demostración más de que siguen pensando lo mismo, la coalición de gobierno que nació, no para ayudar al país sino para mantenerse los mismos en el poder, se “rompe”. Una vez más, lo partidario electoral por encima del interés nacional. Se pretende hacer creer a la opinión pública de que la responsabilidad de la crisis es culpa exclusiva del poder ejecutivo. Se falta a la verdad con total impunidad. Esto sucede porque el país está desinformado. Pero la crisis viene de lejos y el modelo económico ha sido llevado adelante con total impunidad, 3y2 mediante por los partidos que se suceden en el gobierno desde hace más de cuarenta años. Mientras los recursos alcanzaron para llevar adelante el manejo clientelístico, se dedicaron  a ningunear a la oposición. Toda voz crítica que se levantó fué ignorada por los gobernantes de turno y los grandes medios de comunicación, que ayer como hoy siguen al servicio de intereses económicos y partidarios. El país “aparece” sólo en los discursos, a la hora de esquivar responsabilidades, donde cada sector quiere sacar ventajas electorales. En este juego el país no sólo ha dilapidado enormes recursos económicos, sino y mucho más importante es la pérdida o no-utilización de los recursos humanos disponibles.

La emigración de gente joven, con alta calificación en ciencias e investigación, es una pérdida inestimable. Es una sangría que comprometerá a las generaciones futuras.

Una  muestra más, de los gobernantes de espaldas al país, por decir lo menos. Por otro  lado escuchamos el discurso oficial y oficialista diciendo que una prioridad es la creación tecnológica, el software, etc. Discursos huecos, para distraer, las realidades son demasiado elocuentes. Como sociedad y ambientado por los medios de comunicación, seguimos dedicados a comentar y discutir lo superficial. Nos hemos acostumbrado a discutir  sobre pleitos de comadres. No advertimos que nos distanciamos cada vez más del bienestar común, que es posible y que debemos conquistar. No hemos sido capaces de crear un modelo uruguayo, con nuestras raíces, con nuestra idiosincrasia y maximizando nuestros recursos materiales y humanos. Por el contrario hemos estado dilapidando los mismos, en un ejercicio de autodestrucción, vergonzante. Esto nos ha hecho cada vez más dependientes. El país no desaparecerá, pero depende de nosotros  que el sueño de una sociedad más justa, tantas veces anhelado se cumpla. Debemos honrar tantos sacrificios y tantos sufrimientos de las generaciones que nos han precedido. Un país se construye todos los días, debe trascender  los actos electorales,  no como ha sido hasta ahora. Las enseñanzas de la historia no deben ser ignoradas.

Por tanto decimos y seguiremos machacando, sin asumir, no habrá salida y menos decorosa.

                                                                                                phr@internet.com.uy