La Babilonia
Interior
Decir
Julio Herrera y Reissig es para muchos decir poesía oscura,
opaca,soberbia por elitista, exasperante por ininteligible;es decir
Poesía Modernista Latinoamericana con mayúscula; el
nombre uruguayo de la trinidad canónica, junto al de Leopoldo
Lugones y el de Rubén Darío.
Decir Herrera es para otros decir bohemia y dandismo novecentista:el
Herrera morfinómano, el fumador de opio, el escandalizador
de burgueses, el satírico
Torrero de los Panoramas burlando la chatura de Tontovideo junto a
Roberto de las Carreras.
Entre uno y otro - el canónico y el contracultural - hay otros,
esos Herreras que la historiografía literaria fue dejando por
el camino.
El Novecientos uruguayo - cuya aura permanece latente, a pesar del
tiempo, en el imaginario nacional - , sus cafés, sus intelectuales,
sus discusiones ideológicas y estéticas, acompañan
en este estudio a la vida y a la obra de Herrera.
Entre volutas de pudor, art noveau, erotismo y amapolas, nadie mejor
que Herrera para pasear por el Novecientos.
Claroscuro
En
el dintel del cielo llamó por fin la esquila.
Tumban las carrasqueñas voces de los arrieros
que el eco multiplica con cien riscos y oteros,
donde laten bandadas de pañuelos en fila...
El
humo de las chozas sube en el aire lila;
las vacas maternales ganan por los senderos;
y al hombro sus alforjas, leñadores austeros,
tornan su gesto opaco a la tarde tranquila...
Cerca
del Cementerio - más allá de las granjas -
el crepúsculo ha puesto largos toques naranjas.
Almizclan una abuela paz las Escrituras
los vahos que trascienden a vacunos y cerdos...
Y
palomas violetas salen como recuerdos
de las viejas paredes arrugadas y oscuras.
(de Los éxtasis de la montaña.)(Eglogánimas)
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